FUEGO

Todos aquí para mirar arder y consumirse ese fuego.
¿Fuego sólo? ¿No es un corazón apasionado que se ilumina en los cielos?

Juan L. Ortíz






miércoles, 19 de octubre de 2011

Poética del fuego

" En el reino del fuego, somos una hoguera de seres. En nuestro fuego que nos da energía y vida, ¿dónde está el tiempo principal? ¿Es acaso el tiempo de la ceniza que mantiene al abrigo al fuego de mañana? "

Gastón Bachelard.

Fragmentos de una poética del fuego.

Ed. Paidós, Bs. As., 1992


http://homepage.mac.com/eeskenazi/fuego.html

Simbología

Muchas culturas conocen, en efecto, rituales ígnicos. Como el agua, el fuego es símbolo de transformación y regeneración: de allí el sentido del ritual del fuego nuevo. Para muchas culturas primitivas, entre ellas las mesoamericanas, el fuego es una emanación del sol, es su representante sobre la tierra. Por eso se le relaciona con el rayo y el relámpago, y también con el oro. En muchos rituales se atribuye a las antorchas, las lumbradas, las ascuas y aun a las cenizas, el poder de provocar el crecimiento de las siembras y el bienestar de humanos y de animales.

Las interpretaciones que se suelen dar a los festivales ígnicos son, por lo general, dos: para unos se trata de magia imitativa, cuyo objetivo es asegurar la provisión de luz y calor en el sol: que el sol no se apague; para otros, el fuego tiene una función purificatoria y apotropaica[1]. De hecho, estas dos interpretaciones son complementarias.

Los rituales del fuego nuevo, a veces, como en la quema antes de la siembra, perpetúan con otra, la imagen del grano que muere para renacer. Otras veces tienen un carácter apotropaico. La ceremonia del fuego nuevo en la cultura náhuatl tenía, en efecto, este carácter: era una ceremonia de conjura. Al cumplirse los 52 años del siglo mesoamericano, a la media noche del último día, se tenía que encender el fuego nuevo para conjurar el peligro que con el siglo viejo se acabara también el mundo. En todo caso, en la ceremonia del fuego nuevo lo importante es su función; proteger el nuevo siglo de los males que lo amenazaban.


Mitología celta

En la mitología celta, la diosa del fuego era conocida como Brigit, quien también era la diosa del arte, la poesía y la tierra. Ella también era la encargada de proteger los rebaños y a las mujeres jóvenes, encargándose sobre todo de proteger a los niños más pequeños.

El principal ritual en honor a Brigit es el Imbloc, celebrado todos los primeros de febrero de cada año. En este ritual, asociado a la primavera incluía básicamente una renovación de los fuegos del hogar y una cena donde participaba todo el pueblo celta donde las mujeres usaban sus vestidos nuevos. Luego de ésta, se pasaba por las cabezas y los cuerpos de todos los presentes el cinturón de Brigit, simbolizando así el viaje del fuego a todas partes del Universo. Además, se hacía una limpieza de todas las casas, y , al concluírla, el hombre más anciano de la tribu debía introducir su muñeca a través de la puerta. Luego de esto, la mujer más joven debía encender una fogata, para dar inicio así a los cánticos e invocaciones a la diosa.

El fuego en sí mismo era considerado sagrado por los celtas, y si éste se apagaba en un hogar, era símbolo de que desgracias ocurrirían. Durante la noche era cubierto para protegerlo contra el viento, y si se apagaba por accidente, se lo volvía a encender con madera blanca, símbolo de la pureza. A partir de navidad, se encendía una fogata en un leño, a la cual se la llamaba Gran Leño o Tizón de Navidad. Según estas antiguas tradiciones, sus cenizas tenían propiedades curativas. En el culto celta llamado druidismo, era tradición cremar a los muertos, encendiendo una hoguera en su honor.


Mitología maorí

Los indígenas de Nueva Zelanda, llamados maoríes, fueron los habitantes originarios de dicho país. Su mitología describe cómo el héroe de su cultura, Maui, bajó del cielo para enseñarles a los hombres el arte de hacer fuego, con dos pedazos de madera. Él consiguió fuego originalmente a expensas de molestar a la Gallina Celestial, totalmente hecha de fuego, quien en ese entonces estaba protegiendo a sus pollitos. Cuando ésta se levantó, robó a uno de ellos y se lo dio a los hombres.

Los rituales maoríes más llamativos han sido siempre los de adoración a los volcanes, a quienes consideraban sagrados por ser la morada de los dioses. Se ofrecían en los volcanes los animales recientemente sacrificados para apaciguar su ira y saciar su hambre, además se tienen indicios de que ciertas aldeas maoríes hacían pequeñas reproducciones de volcanes con el objetivo de encontrar una mejor forma de comunicación con las deidades de la fuerza, el fuego y el calor.

En las Islas de Fiyi, territorio ocupado por los Sawau, existen todavía hombres capaces de caminar sobre el fuego, que hacen esto con el fin de purificar su alma. Quince días antes de la ceremonia, estos individuos deben separarse de las mujeres y evitar comer coco, un gran sacrificio según sus costumbres. Luego de esto, se debe formar un gran círculo de tres metros de diámetro y de uno de profundidad que más adelante se llenaría con piedras y material combustible, como madera seca. Ocho horas antes de la ceremonia, se enciende el gran fuego que será utilizado con fines de purificación. Con cantos rituales, los hombres avanzan por las piedras ardiendo sin que les suceda nada, aparentemente sin sentir dolor. Luego de esto, se recubre el fuego con hojas de la flora del lugar, y cuatro horas más tarde, con sus cenizas, se prepara una bebida que está reservada solamente a los participantes del ritual.

Este ritual se basa en una leyenda, que cuenta que en la aldea de Navakeisese vivía un sabio que contaba historias llamado Dredre. Para agradecerle su labor, los miembros de la comunidad Sawau le traían regalos. Una vez, al preguntarle qué le gustaría que le trajeran, pidió que fuera lo primero que encontraran cuando fueran a cazar. Uno de los guerreros fue a cazar anguilas gigantes en un pantano. Encontró lo que pensaba que era una anguila, y al extraerlo, tomó la forma de una divinidad. El guerrero pensó que sería muy buen regalo para Dredre. El espíritu, para escapar de su cautiverio, le ofreció todo tipo de regalos. Pero el hombre no se dejaba tentar. Hasta que la divinidad reunió varias piedras, lanzó sobre ellas una llamarada, y cuando estaban incandescentes le dijo al guerrero: "acércate sin miedo. Tienes el don de caminar encima del fuego". El hombre al hacerle caso comprobó que era verdad, y desde ese día, se dice que todos los hombres de la tribu de los Sawau tienen ese poder.


Mitología hindú

En el marco del hinduismo, Agní (del vocablo sánscrito agní, fuego) es la deidad de este elemento. Junto con Indra y Surya conforman la trinidad védica, una trinidad luego reemplazada por la de Brahma, Vishnu y Shiva. Agnídev, como también se lo conocía, era hijo de la diosa Prithivi, la Tierra, y del dios Diaus Pitar (en sánscrito, dios padre). Una de las tareas de Agni era la de ser mensajero entre los dioses y los mortales. Protegía, según las tradiciones, a los hombres y a sus hogares por igual. En su cabeza tenía un millón de ojos. También era el dios de la tierra y la sabiduría, y entre sus tareas se contaba el ser mensajero entre los dioses y los hombres.

Se lo representaba con dos cabezas, sugiriendo los aspectos benéficos y destructivos del fuego, ojos y una cabellera negra y tres piernas y siete pares de brazos. De su cuerpo emanaban siete rayos de luz.

En los templos hindúes todavía se sigue utilizando el sagrado taladro Agní manthana para generar fuego por fricción, herramienta que simboliza el milagroso nacimiento diario de Agní.

Existían tres tipos de "fuego de Agní" entre los hindúes: Gārhapatia, Āhavanīia y Dakshina. Estos tres se relacionaban con la digestión, la salud y el corazón.


Mitología americana

Mitologías maya y azteca

En la mitología maya existieron distintos órdenes de dioses, que correspondían a su función en la comunidad de deidades. Luego de los creadores del Universo, en segundo orden, aparece la figura de Kukulkán, versión maya del dios azteca Quetzlcoatl, la serpiente emplumada. Representaba al dios del viento, Ehécatl, y fue asimilado tras su contacto con las culturas del Altiplano central de México. más tarde, se le dio categoría de dios creador, con el nombre de Gucumatz. Formaba una triada con Hurakan y Tepeu, dioses del fuego y el cielo respectivamente. De todas maneras, los tres se relacionaban mucho con los elementos antes citados y con la creación del mundo.

Por otra parte, la serpiente emplumada, representante del fuego se repetía constantemente en las creaciones de los mayas. Decoraban templos, palacios y canchas de juego de pelota con su imagen.

En la mitología azteca, tan similar a la maya como lo era la romana a la griega, la figura de la serpiente emplumada, representada en la segunda como Kukulkán y en la primera como Quetzacóatl tenía mucha relación con el fuego. Era una deidad protectora, benéfica, que había gobernado el mundo en la segunda era, que acabó cuando el mundo fue devastado por huracanes fortísimos y los hombres fueron convertidos en monos.


Mitología amazónica

En la mitología amazónica, es decir, la de Brasil, existe un mito referente al origen del fuego que cuenta las aventuras de un adolescente llamado Botoque, quien fue abandonado por su cuñado mayor mientras recogían huevos de guacamayo en la jungla.

Durante el tiempo que permaneció perdido, Botoque conoció del jaguar, con quien trabó amistad y salieron juntos a cazar. El jaguar y su mujer eran los únicos que poseían fuego en el mundo. Esta última era particularmente hostil con el muchacho, por lo que éste la mató, cogió algunas brasas y partió para su hogar. Los hombres de la tribu, al ver los magníficos regalos que Botoque traía, asaltaron la casa del jaguar y la despojaron de todo objeto de valor. Enfurecido por la acción del chico, ahora el jaguar come su comida cruda mientras los hombres la comen cocida.

El mito revela el origen de la civilización y el aspecto "animal" del fuego, quien en cierta medida es dador de la vida, pero también destructor. También se visualiza en él una transmutación, tema bastante común en la mitología de esta zona.


Mitología guaraní

En la mitología guaraní, es decir, la que corresponde a una de las tribus aborígenes más importantes de Sadamérica, existe un mito sobre el origen del fuego, que habla además del origen del color ceniciento del plumaje del yeruti y de los motivos por los cuales los sapos de cualquier especie inflan su cuerpo ante la amenaza de peligro.

Según este mito, en un principio los hombres carecían del fuego, por lo que comían la carne cruda y pasaban frío, pero un día un colibrí les avisó que los urubú sí lo poseían, por lo que el yeruti fue enviado para encontrarlo. Pese a que trató de agarrar algunas brasas, se quemó totalmente y tuvo que tirarse a un río, y por esa razón su plumaje, antes tan colorido, es gris en nuestros días. Un tiempo más tarde, fue enviado el sapo, quien se hizo el muerto para despistar a los urubú. Ellos cayeron en su trampa, por lo que cuando encendieron una hoguera, él guardó en su vientre algunas llamas y aire para conservarlas bien. Cuando llegó a la tribu, les otorgó ese regalo. Cuando los niños molestan al sapo, éste se hincha para recordarles que fue él quien trajo el fuego y que merece respeto.



[1] Apotropaico es un adjetivo que proviene del griego apotrepein (‘alejarse’), indica en general un gesto, una expresión o un objeto que se utiliza para alejar un influjo mágico maligno.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Igneo. Definición

Ígneo, -a

1 Adj. En lenguaje literario y científico, de fuego o que tiene algunas de sus cualidades.

2 De color de fuego.

3 Geol. Dic. del proceso o la roca producidos a alta temperatura y en el interior de la Tierra.

Prometeo. Dios del fuego


En la mitología griega, la figura de Prometeo está íntimamente ligada a la humanidad. Desafiando al dios supremo, el celestial Zeus, Prometeo intenta favorecer a los hombres entregándoles el fuego -robado a los dioses-; elemento esencial no sólo en el sentido material (como punto de partida fundamental para avances ulteriores en el desarrollo de la civilización) sino también en el orden espiritual, pues el fuego es el símbolo de la vida, de la energía, de la inteligencia que mueve a los humanos.

En suma, el fuego representa la sustancia divina en el hombre, que lo diferencia del resto de los animales y lo acerca a los dioses. Este don otorgado por Prometeo a la humanidad tendrá, sin embargo, consecuencias no de del todo felices. Para poder apreciar el significado de este mito es preciso que nos adentremos en los hechos.

Prometeo es un titán, es decir, uno de los antiguos dioses descendientes de Urano (el Cielo) y Gea (la Tierra) que dominaron el mundo bajo el liderazgo de Cronos (o Saturno) en épocas primigenias, antes de ser desplazados por los dioses olímpicos liderados por Zeus, hijo de Crono y Rea. Se suele definir a los titanes como divinidades menores en comparación con los olímpicos y como seres primordiales, violentos, caóticos. En principio eran 6 varones y 6 mujeres, siendo Cronos el principal de ellos. Cronos, extremo símbolo de la ambición de poder, había destronado y castigado con una hoz a su padre Urano. Temiendo que sus hijos pudieran hacer lo mismo con él, los devoraba apenas nacidos. Su mujer/hermana Rea, no obstante, se las ingenió para esconder a uno de ellos, Zeus. En lugar de entregarle este hijo Rea envuelve una piedra entre pañales haciéndola pasar por Zeus y esconde a éste en la isla de Creta.

Más tarde, Zeus derroca a su padre e instaura el dominio de los dioses olímpicos, sus descendientes.

Los titanes no terminan de aceptar la nueva situación y se rebelan, librándose la famosa Gigantomaquía o Guerra de los Titanes contra los nuevos dioses. Según el poeta Hesíodo, Zeus y los suyos derrotan a los titanes gracias a la ayuda de los Hecatonquinos o Centimanos, seres primordiales semejantes a los titanes. Como castigo, estos últimos son condenados por Zeus a vivir en el tenebroso Tártaro.

Se suele interpretar la lucha entre los titanes y los dioses olímpicos en un sentido evemerístico como el conflicto entre las antiguas divinidades de los pueblos aborígenes de Grecia (los pelasgos) y las de los invasores indoeuropeos. El triunfo de los olímpicos simbolizaría, así, la victoria de los últimos.

Por otra parte, la figura del titán como entidad violenta, de fuerza excepcional, caótica, taimada, ha sido asociada a las fuerzas hostiles de la naturaleza que recorren bajo el aspecto de gigantes u ogros diversas mitologías y leyendas populares. Suelen residir en sitios de difícil acceso (mares, montañas, etc) desde donde desatan tempestades.

Además, su rebelión contra los nuevos dioses y el intento de escalar el Olimpo para desalojarlos puede interpretarse como la insubordinación de lo inferior contra lo superior, del caos contra el orden, de la desmesura contra la justa medida y la armonía.

Retornando específicamente a Prometeo, cabe aclarar que era el más inteligente de los titanes, no participando -debido a su prudencia- en la rebelión de sus pares más antiguos. Era hijo del titán Yápeto y de la oceánida Clímene. Por su inteligencia, prudencia y carácter benefactor es adoptado por los olímpicos. Sin embargo, sigue latiendo en él un espíritu rebelde típico de los titanes, transmitiendo ese rasgo al hombre.

Cierta versión narra que no fueron los olímpicos quienes crearon al hombre sino Prometeo a partir del barro. Para animarle, como ya adelantamos, robó el fuego divino. Este desafió a los dioses le costó caro y también a la humanidad. En castigo Zeus encadenó a Prometeo en una montaña del Cáucaso donde diariamente un buitre o águila le devoraba el hígado, que luego volvía a crecerle. En esa situación permaneció hasta que Hércules (o Herakles) le liberó con el consentimiento de Zeus, quien combinaba en su ser la venganza y la compasión. Para que no olvidara su castigo, Zeus convirtió la argolla a la cual Prometeo estaba fijado en la montaña en un anillo que siempre debería portar el titán. Era la marca de su sujeción.

Más tremendo y perdurable fue el castigo recibido por la humanidad. Al igual que en la tradición judeo-cristiana, es la mujer quien aparace, en carácter de instrumento, asociada a la degradación del género humano. La Eva de la mitología griega se llama Pandora.

Pandora fue creada por el artesano divino Hefestos por orden de Zeus para ser enviada a los hombres en carácter de condena. Hefesto la modeló con arcilla y lágrimas (símbolo del dolor y la melancolía que transmitió a los hombres). Para tornarla atractiva cada divinidad le otorgó un don, de ahí su nombre Pandora ("todos los dones"). Una vez concluida fue enviada a la Tierra junto a un jarro cerrado o caja que contenía todos los males del mundo o, según otra versión, todos los bienes. Los dioses la ofrecieron como esposa al titán Epimeteo, hermano y contrapartida de Prometeo. Otra historia indica que fue ofrecida primero a Prometeo, quien adivinando el ardir de los dioses la rechazó. El significado de Prometeo es previsor, el que anticipa los hechos en base a su conocimiento y experiencia, el que primero y después actúa. Epimeteo, en cambio, significa lo opuesto : el que actúa impulsivamente, el necio, el que primero obra y luego recién piensa acerca de lo realizado.

Epimeteo toma a la bella Pandora como esposa a pesar de las advertencias de su hermano. Movida por la curiosidad ella destapa el recipiente que contenía todos los males o todos los bienes, esparciéndose los primeros por la tierra y desapareciendo los otros. Sólo permanece en el fondo de la caja de Pandora, al ser cerrada a tiempo, la esperanza, el único consuelo que les queda así a los hombres.

Culto. Mitos. Costumbres


Desde épocas lejanas y aun cuando surgen las altas culturas, el fuego es mirado como una revelación de la divinidad, como una fuerza de purificación o como un símbolo de integración humana.

Se rinde culto al fuego sagrado, hasta el punto que los sacerdotes persas debían evitar que su aliento contaminase la llama.

En la India, el brahmán cuida del hogar y alimenta la llama con la leña de árboles escogidos especialmente para este servicio. El fuego (Agni) es una divinidad. Se le rinde culto y se invoca su protección y su ayuda: «¡Oh, Agni, tú eres la vida, tú eres el protector del hombre! Que goce largo tiempo de la luz y que llegue a la vejez como el sol al ocaso».

En Grecia, Prometeo es encadenado a una roca por el delito de haber hurtado el fuego de Zeus para sí y para los hombres.

«Oh divino éter y alígeras auras y fuentes de los ríos, y perpetua risa de las marinas ondas, –clama Prometeo en la Tragedia de Esquilo– y tierra, madre común, y tú, ojo del Sol omnividente: ¡yo os invoco!... Tomé en hueca caña la furtiva chispa, madre del fuego; lució, maestra de toda industria, comodidad grande para los hombres; y de esta suerte pago la pena de mis delitos, puesto al raso y en prisiones».

En Grecia y en Roma, el fuego se identifica con el hogar. «En las casas de los griegos y romanos –dice Fustel de Coulange– había un altar en el cual tenían siempre un poco de ceniza y unos carbones encendidos. Era obligación sagrada para el jefe de la casa conservar el fuego día y noche... El fuego no cesaba de brillar en el altar sino cuando la familia había perecido totalmente: hogar extinto y familia extinguida eran expresiones sinónimas entre los antiguos».

Sin embargo, el fuego del hogar no es el que se utiliza en la tarea común, es puro y casto. Es, dice Coulange, «una especie de ser moral». Y agrega: «Se le diría hombre, pues posee del hombre la doble naturaleza: Físicamente resplandece, se mueve, vive procura la abundancia, prepara la comida, sustenta el cuerpo; moralmente, tiene sentimientos y afectos, concede al hombre la pureza, prescribe lo bello y lo bueno y nutre el alma».

La difusión del Cristianismo, a la caída del Imperio Romano, promovió una revolución cultural que es, sin duda, la más profunda de las revoluciones. El fuego perdió gran parte de su poder misterioso, de su identidad con el hogar y de su capacidad de seducción reverencial, pero se recurrió a él en numerosas oportunidades y por diversos motivos.

Sir James Georges Frazer nos habla de «la costumbre de encender fogatas el primer domingo de Cuaresma en Bélgica, el norte de Francia y muchas partes de Alemania». «La costumbre, en Francia, de llevar hachones de paja encendidos, el primer domingo de Cuaresma, por entre los huertos y sembrados para fertilizarlos» o la reavivación del fuego en víspera de Pascua Florida, las hogueras de Pascua en Alemania, los fuegos de Beltane en Escocia, las hogueras la víspera de San Juan, los fuegos de medio verano en la Alta Baviera, Dinamarca y Noruega, Austria, Prusia y Lituania, Bretaña. «Cuando las llamas están ya moribundas toda la reunión se arrodilla alrededor de la hoguera y un anciano reza en alta voz. Después, todos se ponen de pie y dan tres vueltas en círculo al fuego».

La fiesta de Halloween, el 31 de octubre, es una de las fiestas célticas, la otra es la noche de Walpurgis, un día de mayo, tienen al fuego como un símbolo y como una fuerza protectora. En muchos países de Europa se recurre al «fuego de auxilio» o «fuego vivo», cuando se sufren angustia y calamidades. En todos los casos o en la mayor parte de ellos ha habido un ritual en relación con el fuego.

«En la credibilidad popular –dice Frazer– la influencia aceleradora y fertilizante de las hogueras no está limitada al mundo vegetal; se extiende también a los animales. Además, hay señales evidentes que aún la fecundidad humana se le supone promovida por el calor cordial de los fuegos».

En todo caso, si bien el fuego se desborda en incendios provocados o espontáneos, es siempre un compañero inseparable del hombre, un servidor atento, un brote cálido y luminoso de la Naturaleza que crepita en las chimeneas y difunde una onda amorosa, una fuente de luz en las bujías que se llevan consigo para alejar las sombras, para leer en las noches y escribir y acompañarse cuando no hay otro recurso a la mano y la soledad se ha instalado entre nosotros.

Aquello que empezó como un descubrimiento, que se erigió luego como una divinidad y mantuvo su jerarquía, aun cuando fue utilizado ya en diversos menesteres, se extendió por el mundo y allí donde hubo un hombre hubo también el fuego.

El origen del fuego según los Sipai

Un mito de los pueblos aborígenes americanos. Se trata de un antiguo relato de la tribu Sipai de Brasil, donde explican cómo descubrieron el fuego.
Los indios Sipai cuentan que había una vez un gran héroe llamado Kumafari el Joven, que tenía ese nombre porque era el hijo de otro gran héroe, Kumafari el Viejo, su padre.
En aquellos tiempos el buitre andaba siempre revoloteando por ahí con un tizón encendido entre sus garras, burlándose de Kumafari y su gente, porque no habían descubierto cómo hacer fuego. El joven héroe propuso entonces el robo del tizón de fuego, pero no sabía cómo podía lograrlo.
Observaba que el buitre siempre hacía lo mismo: se posaba en un árbol, dejaba el tizón entre las horquillas de las ramas y después bajaba al suelo a comer carroña. Así que el robo debía darse en un momento de descuido del ave. Kumafari intentó varias estrategias para apoderarse del fuego: una vez se hizo el muerto, otra vez se convirtió en ciervo; pero el buitre siempre desconfiaba y terminaba por descubrir la trampa. Solía decirle: ¡No me engañas! ¡Yo sé que quieres robarme!
Un día Kumafari tuvo una idea mejor. Se acostó en el suelo, extendió y hundió sus brazos en la tierra; así sus brazos se convirtieron en dos arbustos con cinco ramas cada uno, una rama por cada dedo de la mano. El buitre lo vio y pensó: -¡Esta vez Kumafari está muerto de veras y sin sus brazos no podrá robarme el fuego!- Entonces se posó en uno de los arbustos, sin sospechar que dejaba el tizón en la mismísima mano del héroe. En un segundo, el hombre cerró la mano, se levantó de un salto y huyó con el fuego.
-¡Qué vergüenza Kumafari! -dijo el ave- ¡Eres hijo del gran Kumafari el Viejo, y no sabes hacer fuego!? ¡Para tener fuego hay que poner al sol palos de uruks y hacerlos girar uno sobre otro!
-Está bien -dijo Kumafari-, ahora también sé tu secreto, pero de todas maneras me quedaré con el tizón! Así fue como el buitre perdió el tizón y los Sipai consiguieron el fuego, aprendiendo a hacerlo todas las veces que lo necesitaban.

Bibliografía:- Ferro, Beatriz: Leyendas de América: El Fuego y los Cuenta cuentos y otras leyendas, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1968.

Fuego.


Descubrimiento
El descubrimiento del fuego marca un punto de inflexión en la historia humana. En aquella época, además de su raciocinio, el hombre se distinguía de otros animales en sus características por ejemplo de índole fisiológica: un cerebro más grande, la posición erecta, la situación de los ojos en la cara y su dedo oponible que permite agarrar objetos.

Se supone que el hombre descubrió el fuego 500.000 años antes de nuestra era (uno de los hallazgos de la utilización del fuego data del 340000 a.C., en China) por la erupción de un volcán, la chispa de un rayo o un incendio de rastrojos, pero desde luego provocó un increíble avance. En los comienzos, no podía crearlo, sino que simplemente lo conservaba cuando la ocasión se lo brindaba. Con el paso del tiempo, aprendió a generarlo mediante el frotamiento de dos piezas de madera o usando fibras vegetales secas (como yesca) y un pedernal.

Usos del fuego

-La obtención de calor para pasar el frío, propio de la era glacial.
-La primera forma de comunicación no sonora a larga distancia fue las volutas de humo de una hoguera.
-La protección contra animales carnívoros gracias a teas encendidas.
-La utilización como arma contra otras tribus y en las cacerías
-Gracias a la cocción y asado, los alimentos fueron más aprovechables desde el punto de vista nutricional, además de una mayor higiene en su ingesta.
La carne de los animales se colgaba de una varilla sujetada sobre dos ramas bifurcadas a ambos extremos de la hoguera. También, desde luego, se usaron recipientes, pero a posteriori.
-También se usaba para alumbrarse y poder tener visión en las horas nocturnas.
-Y también lo usó para hacer funcionar las fraguas, los hornos, derretir metales y lograr la fabricación de diversos elementos, desde el pan de cada día, hasta las herraduras de los caballos o las fabricaciones de lozas y porcelanas, pasando por variedad de productos. Se usó para la cocción de la alimentación, la calefacción, y un sin fin de cosas cotidianas que hacen más placentera la vida.